En serio, hace falta un Wikileaks contra la picaresca comercial

Anoche me entretuve viendo un interesante reportaje sobre la organización Wikileaks y como consiguieron destapar cientos (sino miles) de secretos que antes hubiera sido imposible conocer. Asombra la complejidad no sólo de la organización, sino también de las implicaciones morales, éticas y legales que conlleva un proyecto de esa envergadura. Tal es así, que pocas de las personas implicadas han salido bien paradas, tanto en lo personal como en lo profesional de su participación. Desde la ruptura de los fundadores, al confinamiento y arresto de las personas que revelaron información confidencial, es indudable que el precio por revelar secretos de gobiernos y empresas es altísimo para las personas implicadas. No obstante ha servido para poner en el punto de mira (ahí es nada) la vital necesidad de gobiernos transparentes, honestos, representativos y respetuosos con las libertades individuales y colectivas.

Salir de casa pensando que te van a dar gato por liebre

Bajando un poco el nivel, esto ha coincidido con experiencias ajenas y propias con respecto a la facilidad de que te den algo menos de lo que piensas en cualquier servicio o transacción comercial. Es indudable que cada vez es más complicado salir de tu casa por las mañanas y pensar que alguien no te va a dar “gato por liebre”. Ya no se trata de que te timen o engañen, que eso sería cosa más seria, sino de esa picaresca que se aprovecha de la bendita ignorancia del comprador. En una sociedad cada vez más técnica, es muy complicado estar al día de todo. Cambian regulaciones, tecnologías y métodos con una velocidad de vértigo. Depositar la confianza en alguien casi resulta inevitable. La cuestión está en que cada vez es más complicado encontrar un lugar donde ponerla.

Internet puede ayudar con un Wikileaks a favor del trigo limpio

Por supuesto sin querer mezclar los motivos de WikiLeaks con otros, la verdad es que cada vez es más necesario contar con herramientas libres de intereses individuales. Por eso se me ha ocurrido pensar lo interesante que resultaría contar en la web, con en el equivalente del buen vecino que te advierte al salir de casa de quién te puede dar gato por liebre al girar la esquina.

Afrontemos que hoy por hoy, en todos los sectores hay un alto riesgo de que te la cuelen. Y el motivo es la intensa competencia en precios y condiciones, que exige rizar el rizo hasta que se pretenda incumplir la máxima de “nadie da duros a cuatro pesetas”. Por supuesto, existen ya servicios que pretenden liberar a sus potenciales clientes de este temor, gracias a los comentarios y opiniones. No obstante, también aquí hay que andarse con cuidado porque estas herramientas también son utilizadas por la picaresca, las opiniones no siempre tienen un ánimo desinteresado o simplemente son inútiles.

Un ejemplo que todavía veo mucho en mi actividad es el alojamiento web y los dominios. Todavía hay personas pagando facturas enormes (de 300 euros al año o más) por un alojamiento compartido de bajo coste y un simple dominio cuando los precios han caído en picado en los últimos años. Y es más triste comprobar que muchos sectores se aprovechan de la confianza del consumidor para cargar precios superiores por productos y servicios de precio inferior. El efecto sobre la economía es devastador, pues se genera ineficiencia, improductividad y también, por supuesto, mala leche.

Reconozco que ignoro si las organizaciones de consumidores han desarrollado cosas parecidas o se limitan a atender las reclamaciones de los usuarios. Si no lo tienen, deberían impulsar páginas valientes, honestas y colaborativas en favor de la transparencia comercial. Si algo debe traer internet es la capacidad de distribuir y compartir el conocimiento. En casos como este estaría más que bien empleado.