La agonía y el éxtasis del diseñador de páginas web

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Sucedió el otro día. Otra de tantas. Volví a escuchar la frase «Hice yo la web, porque así no tenía que depender de nadie». En este caso era un locutor de radio, moderno y muy majo, que entrevistaba a una especialista en marketing digital (sí, otra de tantas). Para ser honesto, uno está muy acostumbrado a esas frases. Y ojo, que se entienden a la perfección. ¿Para qué liarse con nadie para un proyecto de página web sencillo, que incluso no tiene un ánimo comercial?. Seamos comprensivos. No todos los trabajos son para un diseñador web, ni todas las paredes son para un pintor. Lo malo es que la cosa continuó y el locutor se vino arriba, cuando mencionó muy ufano que «su página web móvil era incluso mucho más bonita que la de escritorio».

¡Vaya pensé! Eso es complicado, porque diseñar para móviles tiene su miga y las plantillas no suelen estar realmente optimizadas para móviles. Guardé en caché el asunto y cuando tuve un rato me fui buscar su web y pasarle el preceptivo análisis de rendimiento. El resultado, lo comento luego, pero antes me gustaría hacer unas reflexiones a micrófono abierto.

¿Es realmente malo depender de alguien que se encargue de tu web?

El caso es que mi experiencia es justamente la contraria. A mis clientes no les entusiasma pasar tiempo delante del ordenador. Normalmente prefieren pasar el tiempo haciendo otras cosas más divertidas, productivas o placenteras para ellos. Los mejores se dedican a exprimir lo que mejor saben hacer y delegan el resto a alguien de confianza. ¿Es eso depender de alguien? Sin duda. ¿Es eso malo? En absoluto. Y lo mejor viene ahora: Diseñar, mantener y optimizar una web es un trabajo realmente diabólico. Hoy para hacer una web moderna, tienes que manejar un montón de conceptos que van desde la velocidad de carga, optimización de buscadores, experiencia de usuario, accesibilidad, alojamiento, seguridad, diseño móvil y de ahí para arriba.

No hay que olvidarse que la gente de la web estamos en el club de los chalados sin solución. Si salirse del club es cuestión de pagar a un chalado para que ocupe mi puesto, creo que es un dinero bien empleado (y sinceramente dudo que sea una cantidad alta de dinero).

¿Son de poco fiar los diseñadores de páginas web?

Algunos sí, pero no son diseñadores genuinos de páginas web. ¿Cómo? ¿Llevan alguna flor puesta para distinguirlos? El caso es que no. Pero hay pistas. Una de las primeras es el interés que pueda mostrar por formarte. ¿Pero no hemos quedado que como profesionales debemos atar a los clientes? Eso es justo lo que hará uno malo. Uno bueno quiere que hagas cosas y que te impliques. No tanto como para hacer tu propio toda la web, pero sí lo suficiente como para que sepas como ir progresando en lo que tu web tiene más potencial: a saber, contenidos y propuesta comercial.

Un buen profesional de la web no se calla los detalles. Recuerda que somos chalados y por tanto apasionados de lo que hacemos. ¿Quieres saber más sobre dominios? Te lo explicamos. ¿Saber algo más de SEO? Te lo explicamos. Si hay algo que nos aburre, es entrar a meter tu contenido y actualizar lo que seguramente tú, mejor que nosotros puedes hacer. Nos gusta aprender y enseñar. Otra pista: no te fíes de nadie que te diga que todo esto es fácil y/o rápido. Nunca lo es.

¿De verdad se justifican los precios del diseño web?

Como en otras cuestiones, hay mucha gente escocida. Depende también de lo que te traigas entre manos. Generar negocio y tener ingresos por internet de manera legal es complicado (hay gente como mucho talento), pero lo habitual es que tu presencia digital tarde mucho en generar oportunidades, contactos o negocio. Hay personas que pagan burradas y no ven para nada y otros, que montan negocios sencillos y consiguen facturar desde los primeros días. Lo que no se justifica es decorar páginas web. Diseñar también es comprender muy bien a los usuarios, al mercado y a la competencia. Saber que terreno pisas, más allá de que herramienta usas para hacer tu página web.

Hoy un buen diseñador de páginas web es una persona con mentalidad muy práctica, que tiene conocimientos sólidos de marketing y que usa herramientas competitivas para sus clientes (sí, y también un chalado).

En mi opinión pocas profesiones pueden aportar tanto por tan poco, pero claro, yo me dedico a ello y no soy objetivo. En mi experiencia, los mejores trabajos salen de aprovechar la combinación ganadora de cliente y diseñador. Cada uno aportando su buen hacer.

¿Y qué paso con ese análisis de rendimiento del sitio web?

No hubo sorpresas: salió desastroso. Uno de las peores resultados que he visto (nota de 8 sobre 100 en PageSpeed Insights de Google). Lamentablemente hemos llegado a una situación extraña donde todo está al revés. El profesional de la web tiene más exigencia y el cliente la percibe como menor o más prescindible.

Resultado de pagespeed insights de Google

En conclusión: el diseñador web tiene una profesión complicada por la percepción de su trabajo por parte del cliente. De acuerdo, la mayoría de trabajos están así, pero yo hablo de lo mío. Además tenemos una última cuestión, ¿de verdad un proyecto digital va por buen camino cuando elude la colaboración de un profesional de la web? En mi particular «project insight» a un proyecto así, también le daría un 8/100.

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